Como tantas otras, Albín fue una de las apuestas futbolística de la dirigencia Xeneize a mediados de 2012. El lateral derecho de inicios en Peñarol venía de jugar los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con la selección uruguaya y pintaba para algo importante.

En un principió pareció que Boca se había quedado con el nuevo Cafú. Le tocó debutar en un partido de Copa Sudamericana contra Independiente en La Bombonera y, apenas entró, empezó a gambetear e incluso a generar varias situaciones de ataque para el equipo de Julio Falcioni. Su arranque parecía ser con el pie derecho, pero claro, no todo fue color de rosa.

Pronto empezaron a quedar evidenciadas sus grandes falencias en defensa. El charrúa salía en la foto de casi todos los goles que recibía Boca, siempre llegando desde atrás. Además, poco le sirvió esa “virtud” que tenía en ofensiva: jugó 22 partidos en un año con la azul y oro y no convirtió ningún gol.

Su estadía en la ribera fue y será anecdótica. Pronto regresó al carbonero, donde pasó un año y medio más de su extraña carrera. ¿Por qué extraña? Porque, finalizado su contrato en Peñarol, Emiliano Albín tomó la fuerte decisión de retirarse del fútbol profesional para finalizar su carrera de agronomía.

Pero esto no es todo. Una vez cumplido su objetivo universitario, el yorugua se volvió a poner los cortos. A partir de allí, jugó en Juventud Las Piedras, de la liga uruguaya, y hace muy poco vistió los colores de San Martín de Tucumán, donde se cruzó con Boca por Copa Argentina.

A principios del 2019, el carrilero de 30 años confirmó su pase a la liga paraguaya, más precisamente a Deportivo Santaní. Lejos de lo que fue su momento de gloria, Albín continúa jugando de manera profesional pese a ese lapso en el que se mantuvo inactivo. De todas formas, pocos recuerdan a ese prometedor lateral que parecía volar y soñaba con ser el 4 de la celeste algún día.