“Pero siempre será igual, siempre se vuelve al primer amor” o “Vale 10 palos verdes” son canciones que estarían perfectamente relacionadas con el tema que hablaremos ahora. Parte sensible en el corazón de la gente de nuestro territorio o más específicamente, el barrio más popular del país. Cuando se habla de él se toca, en la mayoría, un sector de la infancia difícil de encontrar en el pueblo argentino.

La historia que contaremos comienza un 22 de febrero del año 1981. Por la primer fecha del metropolitano, Boca se enfrentaba a Talleres en La Bombonera. Como de costumbre, un estadio colmado y unas 60.000 parecían caer sobre el campo de juego. Figuras como Brinidissi, Rigante, Trobbiani, Escudero entre otras más asomaban sus cabezas por  el túnel que daba al vestuario local. Por último, y no menos importante, se asomaba una novedad. Con el pelo enredado, una pelusa, con la número 10, escalaba los escalones del templo del fútbol mundial el mejor de la historia del fútbol.

Y así fue.

Luego de su paso por Argentinos Juniors, Diego Armando Maradona llegaba al club de sus amores. “Parecía que el piso se movía”, declaraba el pelusa. Como no podía ser de otra manera, Boca ganaba en su debut por 4-1, frente a Talleres de Córdoba. Ese pelusa, el del pelo largo y enredado marcaba 2 goles en su debut. Un 22 de febrero de 1981 comenzaba el amor más grande por y hacia un jugador de fútbol. Boca se consagraría campeón de dicho torneo, convirtiéndose en el primer título de la carrera de Diego Armando. Primero de 11. El resto de palmares, con la selección nacional, Napoli, Barcelona y el club de sus amores. Maradona fue la figura del Boca campeón de 1981: hizo 17 goles en 28 partidos y fue el autor del tanto que significó la vuelta olímpica, contra Racing en la Bombonera.

Maradona podrá no haber sido el mejor ejemplo de persona que se pueda conocer. Diego Armando Maradona defendió los colores de la selección argentina y la azul y amarillo a muerte como para no ser reconocido. 11 años después de su retiro lo único que podemos decir que renombre en el interior de todos los hinchas que tuvieron la suerte de ser contemporáneos al 10 es que la pelota siempre al 10, que ocurrirá otro milagro.

Muchas gracias señor Dios, muchas gracias señor 10…