A pesar de que durante el partido la cancha se veía dominada por la selección argentina, no pudieron lograr obtener la medalla que tanto anhelaban tener.

Por su parte los jugadores se encontraban atentos a las estrategias antes previstas, aunque no fue suficiente debido a la gran cantidad de presión que suministraba Matías Lucuix. Su desesperación fue lo que provocó descontento y desequilibrio por parte de los jugadores de la selección.

Los argentinos prácticamente ya tenían la victoria en la bolsa por las majestuosas jugadas impecables demostradas en el terreno. Sin embargo, los egipcios supieron cómo hacerles frente a sus contrincantes.

Luego de que se fueran al empate 3-3 se notaba el cansancio en el club argentino y se quedaban sin estrategias, lo que supo aprovechar muy bien el conjunto africano para salir ilesos y victoriosos.